Eduardo se trasladó hasta la jefatura, cuando él llegó las autoridades ya tenían allí a la chica. Ella se alegró mucho al verle y se levantó para ir a su encuentro.
—Qué bueno que viniste, sabía que podía confiar en ti y que no me ibas a defraudar.
Ella intentó abrazarlo, pero las esposas en sus muñecas no le permitieron.
—¿Por qué te tienen aquí?
Cuestionó serio. En realidad, Amanda no está enterada de lo que ha sucedido con su amante.
—No lo sé. Pero me dijo el comandante que al nomás llegar