Sebastian
Presente
Keira me mira a través de sus lágrimas. Ha llorado desde que comencé a narrar lo que pasó hace más de cuatro años y no sé si quiera escuchar el resto. No sé si pueda seguir hablando tampoco. El dolor corroe mi corazón y las imágenes se arremolinan en mi cabeza como una película de terror. Cerrar los ojos o salirse del cine no son opciones. Esto no es ficción, es real, malditamente real.
—¿Y tu esposa? —pregunta con la voz rota, nadie más que ella puede entender el dolor de