Keira
Sebastian deposita un beso suave sobre mi cabeza mientras me sostiene contra su firme cuerpo, acariciando mi espalda por encima de la tela de algodón de mi vestido. La necesidad de fundirme sobre él, piel con piel, late en cada poro de mí, en consonancia con los fuertes pálpitos de mi corazón, pero debo recordar dónde estamos y la inminente verdad que podría cambiarlo todo.
Al separarme de él, me doy cuenta de que estamos solos. Tanto Hedrick como Landa se fueron para darnos privacidad.