Keira
A las siete en punto de la noche, Dimitri toca la puerta de la suite del hotel que Sebastian alquiló para mí. Como la primera vez, encontré en la cama lo que tenía que usar: un hermoso vestido durazno corte sirena –con una abertura de medio metro en la falda, que alcanza la mitad de mi muslo izquierdo– y, por supuesto, no podía faltar el profundo escote en la espalda. La lencería es muy fina, ropa interior de encaje. ¡Ahhhh!, casi olvido aplicarme el perfume que el señor controlador aprue