—Así que en realidad es ella… —gruñó Davis, con la voz temblando de una intensa y ardiente rabia mientras sus ojos se clavaban en la pantalla brillante del teléfono de Angel. Las imágenes mostraban claramente el malicioso empujón de Emma.
Antes de que Davis pudiera salir furioso de la habitación para confrontarla, Angel lo agarró del brazo, con una oscura y calculadora sonrisa extendiéndose por sus labios. —Espera. Antes de correr simplemente hacia Asher y exponerla, ¿por qué no planeamos nuest