Camilia abrió lentamente los ojos, con una profunda y aplastante debilidad pesando sobre sus extremidades. Parpadeó contra la tenue y parpadeante luz, mirando alrededor de la habitación mientras un jadeo agudo escapaba de su garganta. Las paredes estériles del hospital habían desaparecido, reemplazadas por las vigas de hierro oxidado y el concreto agrietado de un almacén desolado.
—¿Dónde… dónde estoy? —murmuró, intentando frenéticamente ponerse de pie, pero su cuerpo se estrelló inmediatamente