Capítulo XXXVII
Narra Adara…

Me quedo de piedra y mis piernas pierden fuerza logrando que me sujete al borde de la puerta. El olor a alcohol y aspecto desaliñado me advierte que es mejor no enfrentarlo, la mirada oscura y ese gesto que solo me grita que salga corriendo cuanto antes.

Amelia al percatarse de que se trata de su hijo sonríe, logrando que Eizan la fulmine con la mirada. Alice toma la mano de la mujer mientras que ambas salen de la habitación dejándome a solas con él “Ni siquiera judas se atrevió a
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