36. Eres casi perfecta.
Aunque el dolor de las cuerdas por su cuerpo se estaba volviendo insoportable, le resultaba imposible no querer más, no tratar de provocarlo, sobre todo quería poder sentir sus dientes sobre su piel.
Lo que resultaba aterrador, ese hombre podría bien ser un maldito caníbal, comer partes de su cuerpo mientras la follaba y ella sería feliz, tan solo con seguir sintiéndolo, porque estaba dispuesta a darle cualquier cosa que él pidiera
Hasta de la maldita palabra de seguridad se había olvidado en e