29. ¿Acepta mi única condición, mi señor?
Uno de los bebés empezó a lloriquear moviéndose y a Jeremy le hizo gracia como el otro bebé se acercó haciendo que se calmara por su simple contacto.
— Parecen gemelos de verdad…— buscó la mirada de su esposa y se perdió un instante en la dulzura con la que lo observaba antes de ser capaz de recordar lo que iba a decir y por fin hablar — ¿Ya vas a decirme cuál es cuál? Todavía no soy capaz de diferenciarlos.
—Te lo diré, solo si prometes no hacer diferencias entre ellos— susurró en su oído, des