25. Señora Duncan, por favor.
— De mucho, muchísimo dinero, señorita Cisneros, puedo darle lo que quiera si satisface mi curiosidad— aseguró Agnes fijando su mirada en la de la joven y guapísima niñera, tanto que la disgustaba.
Había aprendido a odiar tener mujeres demasiado atractivas cerca, al menos que no estuvieran casadas con hombres tan adinerados como el suyo, y ella era exactamente el tipo de fémina que odiaba estuviera en su hogar.
Anahí tomó una de las pastas y comió, al menos eso la ayudaría con el amargor que el