PIETRO
Cuando me recupero de la conmoción de volver a ver a Pietro con vida, me acerco rápidamente hasta él y sin dudarlo ni un segundo lo abrazo, comenzando a llorar como una niña pequeña. Después tomo su cara entre mis manos y le doy un beso en la mejilla, él por su parte se ha quedado estático en su lugar y sin habla por la sorpresa —que a decir verdad debe de ser porque ni él me reconoce—, de un momento a otro, escucho un sonoro carraspeo detrás de Pietro y sin soltarlo ni un segundo dirijo mi vist