A MERCED DEL DINERO. C128: Sentí que otra mujer me había ganado.
Lucas la sostuvo de la muñeca, sin fuerza bruta, pero con esa obstinación típica suya que se resistía a dejar ir. Marissa se detuvo, sin mirarlo directamente, con la tensión trepándole por el cuello y haciendo que su mandíbula se apretara.
—¿A dónde vas? —preguntó él, con un tono más bajo, más vulnerable.
—Ya debo irme —respondió Marissa con frialdad—. Ya es tarde.
—¿Sigues molesta conmigo?
Ella suspiró con resignación, pero sin apartar su brazo aún atrapado.
—No vale la pena estresarse por est