Gabriela no tenía idea en lo que se estaba metiendo, solo veía a un hombre completamente lleno de sangre y con un olor extraño. Por lo que, aún con su dolor, miró hacia el hombre, mientras Lowell se lanzaba a él, para morderlo, mientras su hijo temblaba.
— Suéltame, perro. — dice Gustav, lanzando a Lowell a un lado de la habitación
— No sé qué es lo que quieres, pero, no le hagas daño a los niños. Si necesitas con quien descargar tu ira, si mi hermana te hizo algo o crees que debes golpear a al