Gabriela fue llevada a la habitación de Gustav, allí fue empujada a un lado de la habitación, mientras Gustav se sentaba en su cama y sin algún tipo de vergüenza, pero, si con mucho dolor.
Gabriela, quien tenía dolor de cabeza y en el cuerpo, se esforzaba en concentrarse en lo que estaba a su alrededor, con el fin de no enojar a su secuestrador y que lastimará a los niños. Sin embargo, el malestar estaba cada vez más fuerte.
— ¿Qué haces? Debes apurarte, me estoy desangrando — se queja Gustav