El deseo que tenían, era evidente. Por ello, las dos horas que Curthwulf había prometido soportar, fue poco para el tiempo que duraron siendo uno solo. Porque, aun un solo orgasmo, seguía sin ser suficiente.
La acción que había resultado después de retos, disputas y juegos, en un armario, había terminado en la ducha, donde después de haber pasado por la cama, el pequeño juego de sala en la habitación de Charlotte, la mesa de ese juego de sala y, por último, la ducha.
— No creo que pueda más —