Mientras Dan abraza con tanto cariño a mi padre, sólo ruego que se separe y no diga nada vergonzoso, ni que haga molestarlo más de lo que ya lo está. Si mi papá se había ido a investigar de lleno todo este enredo, y era así de bueno, ya debía saber cómo mínimo cinco cosas para detestar a Damián.
—Qué no lo llamé suegro, que no use esa palabra — pienso en mis adentros.
—Padre… — termina diciendo Dan.
Se me cae la boca. Es que se me cae ante semejante gracia de Dan. No soy a la única a la que se