Narrado por Amy Belmonte
Estoy acostumbrada a que me rompan el corazón. Pero, que te rompan el corazón de la forma en la que Leah me lo rompió, es particularmente duro. Yo que de ingenua llegué a pensar que me trató con aceptación y cariño desde el primer momento, resultó siendo una trampa.
Una trampa para acusarme de ladrona. Por el motivo más estúpido y malintencionado del mundo: creer que no era lo suficiente para su nieto. Ahora que la veo allí parada, más inconforme no me puedo sentir.
—Leah… Hola… — dice a duras penas Lelo, después me ve preocupada.
Ella sabía todo lo que había pasado entre Leah y yo. Su recomendación fue limitar mi contacto a ella, esquivarla lo más posible. Leah era un personaje complicado, incluso para quienes compartían sangre con ella.
—¡Hola Lela! — saluda Junior que va a abrazarla en su inocencia.
—¿Quién eres tú jovencito? Tu altura y porte, me hacen desconocerte — dice Leah al niño.
—¡Yo, Lela! ¡Soy yo! ¡Damián! — expresa el niño contento de que le haya