Samantha tenía la cabeza abrumada de tantas ideas, la criada había envenenado su mente y ella se dejó intoxicar.
El día pintaba lluvioso y al poco tiempo empezó a llover, Samantha había salido de la casa con un bolso dónde empacó algunos atuendos, cosméticos y productos de cuidado personal, iba por la calle sola y desamparada, estaba sollozando, sentía que todo conspiraba en su contra para que no estuviera con Gerald.
«Maldita sea ¿por qué soy tan tonta?» Pensó Samantha.
Estaba derrumbada, nunc