Se tumbaron en la cama nuevamente, Gerald la consoló y acarició hasta que por fin Samantha se sintió mucho mejor, ella estaba de espaldas hacia él, los brazos de Gerald la bordeaban, pero ella se cambió de posición quedando frente a él de nuevo como si fuera a besarlo.
— Perdóname — comentó Samantha en voz baja y afligida.
— No hay nada que perdonar, no comprendo porque actúas de ese modo, pero debe haber una razón y eso tú lo tienes que saber. ¿O es que no te provoco en lo sexual?
— ¡No! Por s