26. Te quiero a tí
El beso tuvo el mismo efecto que si hubieran encendido una llama dentro de ella. Todo su cuerpo se prendió y cada terminación nerviosa que la conformaba despertó y se concentró únicamente en el movimiento de sus labios sobre los suyos.
Era una sensación que no podía describir, no tenía palabras y aunque se había prometido que no volvería a caer, las emociones la estaban superando. Entre la preocupación, el alivio, el deseo y la necesidad ya no pudo resistirse y por el contrario respondió con la