April asintió, no tuvo más alternativas.
—Haré lo que me pides, papá —susurró.
—Entonces ve a casa, prepara tus cosas —ordenó Joseph, volvió a su escritorio sin mirarla.
April salió del despacho de su padre y antes de ir a su mansión, fue directo al edificio donde se radicaba su amante, tenía que contarle lo ocurrido.
Cuando él abrió la puerta del lujoso apartamento, ella entró resoplando, tenía las mejillas enrojecidas.
—¿Qué te ocurrió? —preguntó el hombre.
—¡Necesito un trago antes! —o