Al día siguiente Raúl volvió a llevar a las niñas al hospital, decidido a encontrar la manera de que le practicaran los exámenes a Ava, y comprobar si la niña era compatible con Noah.
Alejandra se acercó a él con los ojos rojos e hinchados.
—Ya no se puede hacer nada por nuestro hijo, si no se realiza el trasplante se muere. —Gimoteó llorando con desespero.
Raúl palideció por completo, el rostro se le desencajó, los labios le temblaron.
—¡No! ¡Yo no voy a permitir que mi hijo se muera! —voc