Tres días después.
Era sábado en la mañana, cuando una de las empleadas de la mansión Knight bajó con varias cajas desde la habitación de Hope.
La abuela observó con atención, arrugó la frente.
—¿A dónde llevas eso? —Señaló con su bastón hacia las cajas.
—Son varios objetos de la niña Hope, el señor Ryan me pidió que los empacara, para llevarlo al camión de la mudanza.
—¿¡Mudanza!? —cuestionó la anciana, el tono de su voz cambió. —¿En dónde está Ryan?
—¿Qué te ocurre, abuela? —cuestionó ba