María Joaquina se quitó los lentes para el sol, ingresó caminando con seguridad al concesionario, averiguó en recepción por la oficina de Vanessa. De inmediato sus relucientes tacones Louis Vuitton sonaron en las baldosas del pasillo, y cuando llegó al despacho señalado tocó a la puerta.
—Adelante.
Vanessa prácticamente se hallaba escondida detrás de un montón de documentos, que había sobre su escritorio, su mirada se mantenía centrada entre el monitor y esos papeles.
—Buenas tardes.
La voz