Daniel se armó de paciencia, mientras más ella insistiera en alejarlo, más se quedaría. Katherine debía dejar de escapar, porque él no estaba dispuesto a permitirlo.
—Muy bien, tampoco quiero imponer mi presencia —respondió para darle el gusto.
—Dijiste que querías que habláramos —le recordó sin mirarlo siquiera.
Eso le desgarró el alma, nunca fue tan fría con él, ni siquiera luego de las discusiones que tenían antes o de que la ignorase para evitar caer en su hechizo.
—Y lo haremos…, mientr