Daniel la miró inquebrantable. No sabía si respirar o no, si gritar o agarrarla y levantarla de ese sofá que los separaba como si estuvieran en continentes diferentes y abrazarla como su mente lo pedía. Tanta lejanía le oprimía el corazón. Sin embargo, respondería a todas sus interrogantes.
—La noche del beso… —Daniel hizo una pausa—, ella llamó a la hacienda para decirme que iría para allá, yo no la quería cerca de mí, no estaba seguro de lo que sentías por mí y me encontraba confundido con la