Ivette estaba feliz. Demasiado feliz para gusto de Ricardo y eso solo podía significar una cosa —que cualquier daño que hubiera querido causar, lo había logrado con éxito—, siguió observándola mientras devoraba un desayuno a media mañana en su departamento. De repente, había aparecido con lo que presumía un apetito renovado. Supo que no se estaba alimentando bien, cuando Ileana lo llamó para preguntar por ella el día anterior.
Su hermana se encontraba preocupada por los problemas de Ivette. Sie