Stefanía la miró sorprendida por su comentario como si aquello fuera una percepción errada. Katherine sintió deseos de estrangularla, con Nía todo había que explicarlo con peras y manzanas. Para ella era más que obvio, lo enamorado estaba el idiota de Luis de la pelirroja.
«¡Qué poca autoestima, Stefanía!».
—¡Dios santísimo! —Se acercó lo suficiente luego de hacer a un lado su larga cabellera y habló con cierto tono exasperante—. ¿Aún no te das cuenta?
Nía la miró como si estuviera hablándole e