El rostro de Daniel también resultaba una especie de poema oscuro, denotando en su semblante que estaba formulándose hipótesis acerca de cómo Kat y Nía, la novia de su mejor amigo, se conocían. Al final, con una sonrisa cordial, y la mirada acusa en las jóvenes logró reponerse para ocultar su mascarada perturbadora.
—¡Un placer, Stefanía! Daniel Gossec —sonrió con pleitesía al ver el sonrojo en la joven, ese que solía captarse en las personas que eran descubiertas pecando.
Sí, el pecado de la a