Ambos permanecieron abrazados entre las sábanas de seda, sintiendo el calor de su cuerpo, piel con piel. Esa primera vez había sido perfecta y ella lo supo. Sin embargo, su cabeza seguía repitiendo aquella pequeña frase que aun siendo pequeña contenía mucho más de lo que se calcula.
Decir «te amo», no es algo que se pueda decir como si nada. Tal vez, ni Daniel hubo apreciado la magnitud y la contundencia de su significado.
—¿Por qué tan callada? —Su voz la trajo de sus pensamientos.
—Por nada…