Hicimos el trayecto de regreso algo inolvidable, cada experiencia que Alex y yo vivíamos, sin duda se quedaba guardado en las memorias de ese inmenso amor que nos profesábamos, por fin llegamos a casa, todos se habían reunido para recibirnos. Estaban presentes el abuelo Turner, la madre de Alex, la tía Amelia, nuestra nana, y por supuesto los gemelos, los cuales se pusieron muy contentos, sin duda extrañaban a sus padres. – Mira Elizabeth, creo que crecieron un poco – exclamó Alex orgulloso. Lo