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La estadía en la casa se estaba tornando insoportable, Elizabeth y yo habíamos hecho un pacto, una tregua que nos permitiera esperar el nacimiento de nuestro hijo tranquilos, pero esa tranquilidad sólo existía de nombre, pues tenerla cerca Y no poder abrazarla se estaba convirtiendo en un tormento, sólo Dios sabe que me habría encantado compartir con ella todos esos momentos de felicidad durante la espera de nuestro bebé. Ahora sólo faltaba a guardar la llegada de ese nuevo ser que definitivame
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