Los había despertado la insistencia de mensajes que entraban sin cesar en el teléfono de Deanna, ya eran alrededor de las 9. Estaba tan cómoda durmiendo sobre él que se fastidió con el sonido persistente, no quería moverse. Finalmente, estiró la mano y alcanzó el aparto. Una hilera interminable de notificaciones: Leonard, Leonard, Leonard, Leonard.
- Hola Deanna ¿estás despierta?
- Debes seguir durmiendo.
- ¿Qué ocurrió anoche con el imbécil?
- ¿Por qué no respondes?
- ¡Si te hizo algo lo voy