— ¡Demonios Mara! ¡Préstame atención!— le decía a mi amiga quién estaba enfurruñada de brazos cruzados frente a mi escritorio.
— Aún no puedo creer que te hayas casado— dice ella y créame que lo he escuchado ya unas 50 veces, solo este día.
— Di la verdad: odias que no hayas tenido la oportunidad de utilizar el fastuoso vestido que tenías para mi boda— indico ya aburrida.
— ¡Era un vestido de diseñador que había comprado hace años específicamente para la ocasión! ¡Y terminé yendo con un