Cuando Lyra cerro final sus ojos al recostarse varios minutos más tarde en su mullida cama, el sueño no demoró en alcanzarla.
Luego de pasar casi una semana durmiendo en el bosque, con rígidas rocas como almohadas y el constante sonido de las bestias acechandolos desde detrás de los árboles, la simple idea de recostarse en su propio cuarto y dormir plácidamente le pareció irreal, hasta que se encontró sola en el cuarto, vistiendo un pijama y arropada en su enorme cama de dos cuerpos.
Una vez al