Las palabras de Sech retumbaban en mi cabeza como un eco cruel y despiadado.
Si sigues poniendo las cosas difíciles, no solo tú morirás de hambre.
“Los guardias que estaban a cargo de custodiarte tampoco probarán alimento.”
“Las sirvientas que estaban encargadas de tu cuidado tampoco beberán agua.”
Miré a las jóvenes que estaban en la habitación conmigo. Todas se mantenían en silencio, pero sus expresiones reflejaban una mezcla de miedo y súplica.
Sabía que no tenían la culpa de nada.
Ellas tam