Estaba en mi despacho, repasando algunos documentos sin mucho interés. Desde que dejé a Anastasia en su habitación esta mañana, no había podido sacarla de mi mente. Algo en su mirada, en su rebeldía… en su dolor.
Entonces, un golpe seco en la puerta interrumpió mis pensamientos.
—Adelante —ordené.
Kael entró con un semblante serio. En sus manos traía una carpeta gruesa con papeles desordenados.
—Aquí está la información que solicitaste —dijo con voz grave, cerrando la puerta tras de sí.
Le hice