Paula aprovechó el día para visitar el mercado, hacer unas compras y pagarle a Lorenza la deuda que tenía de las naranjas.
—Pensé que te habías olvidado de lo mío —espetó la mujer, la miró con desdén de pies a cabeza—, vaya te está yendo bien con el gomelito. —Carcajeó.
—No vine a hablar de mi vida privada —enfatizó Paula con seriedad—, con esto estamos a mano.
Lorenza frunció los labios, guardó en el delantal el dinero.
—Contigo quedamos a paz y salvo, pero con tu amiguita no —declaró con