Los estruendosos gritos de Joaquín se escucharon hasta la cocina, los pequeños entraron despavoridos y agitados, y se metieron bajo la mesa.
—¿Qué le hicieron a mi papá? —indagó Malú.
Y antes de que los niños hablaran, el abuelo Joaquín apareció en la cocina, con el rostro cubierto de lodo.
—¡Ave María Purísima! —exclamó Inesita, mientras colocaba las gotas de valeriana en una taza con agua—, patrón aún faltan unos meses para Halloween.
—¡No me parece gracioso Inés! —refutó él.
María Paz abr