—¡Infeliz! —gruñó el agente López, respiraba agitado, sin pensarlo dos veces tomó un arma y disparó a la cabeza de Sergio, el delincuente cayó abatido.
—¡Mi hijo! —gritó Gonzalo, horrorizado de ver a Sergio sobre un, charco de sangre.
Entre tanto Juan Andrés sostenía entre sus brazos el cuerpo ensangrentado de Mariela, ella se había atravesado para salvarle la vida.
—Por favor resiste —suplicaba con la voz llena de angustia y los ojos llenos de lágrimas.
—Ya viene una ambulancia —comunicó Ló