En medio de ese enorme bochorno, por un instante, todos voltearon el rostro, pero solo por un instante, porque luego todas las miradas se redirigieron nuevamente sobre la odiosa mujer.
Los que la teníamos a Julieta un poco más cerca, pudimos notar cómo un pequeño hilo líquido y oscuro bajaba por sus piernas, Don Marco miró a su mujer de arriba para abajo y al instante la soltó de su agarre. No lo pude evitar, ipso facto, de mi garganta se escapó una sonrisa que traté de contener inmediatamente