42. La institución
42 Jazziel
—¿Cómo? —pregunté sin saber si había escuchado bien a Teresa, la amiga de Dali.
—No hagas nada, papá. Solo vámonos —pidió Dali viéndome con esos enormes ojos.
Mi corazón bombeaba tan rápido que sentía que estaba sordo, solo el sonido de mi sangre en mis oídos era lo único que captaba.
—¿Me estás pidiendo que deje pasar el bulliyng que sufres porque ellas son unas perdedoras?
—Respira, Jazz —pidió Ana a mi lado.
—Nadie se va a meter con mi hija y creer que va a salir ileso, Ana —dije