Él me miró como si no creyera lo que oía.
—No serías capaz… ¿a tu propio padre?
—Haré lo que tenga que hacer. No permitiré que dañes a mi madre, a mi mate, o a esta manada. No lo he hecho antes por respeto a lo que fuiste, pero si sigues así… no me temblará el pulso.
—¡Maldito seas! ¡Debí hacer caso