Alessa iba caminando por su jardín feo cuando Rebeca le habló, bajaba de su auto.
La mujer apenas aparecía y ya la había descubierto, eso pensó. La alerta de paranoia se encendió al instante. La invitó a entrar preparándose para recibir unas cuantas bofetadas y tal vez algún jalón de cabello. Lo esperaba, la ayudaría a entrar en razón.
—¿Quieres un té, un café?
"¿Una copa del vino que tu novio ganó para mí?".
—Un té estará bien.
Alessa le sirvió uno frío, por si se lo lanzaba encima. Y no le l