Darrel sintió cómo la furia ascendía como un torrente incontrolable al mirar las caras de los empleados.
Algunos lo observaban con duda, otros con una burla apenas disimulada, y unos pocos con curiosidad malsana. Pero lo peor eran las preguntas silenciosas, esas que susurraban detrás de las miradas inquisitivas.
No pudo contenerse más.
—¡¿Acaso no se les paga por trabajar?! —rugió con una voz que retumbó por toda la planta.
Las personas retrocedieron, murmurando disculpas antes de volver a sus p