Kathy saltó, asustada, haciendo que el lápiz que traía en la mano, saliera volando, rodando hasta tocar el zapato de la prima, quién reflejaba en su rostro entre la sorpresa y la irritación.
—Te pregunté qué estás haciendo aquí.
—Eh, oh…—al darse cuenta de la situación se pone de pie, rápidamente—. ¡Lo siento mucho!
Maldición. Lo hizo de nuevo.
La prima entrecierra los ojos, recoge el lápiz y se acerca a la mesa. Sube ambas cejas al ver la letra desordenada pero entendible en el cuaderno. ¿Está