Easen en cuanto arrancó el auto y avanzaron unos metros no pudo aguantarse ni mordiéndose la lengua, por lo que preguntó fijándose de reojo en las reacciones de su esposa sin apartar completamente la vista de la carretera extendiéndose frente a ellos. Algo muy irresponsable a decir verdad.
—¿S-son-...?—carraspeó al darse cuenta de que su voz le iba a fallar como puberto—. ¿Son míos? Quiero decir, ¿Son mis hijos?
—Hijas—corrigió y chilló tirando la cabeza hacia atrás, llevándose consigo un pedaz