—¡AAAAAAAGHH!
Lo que salió de su boca no fue un grito nada más, más bien es un alarido en todas sus letras. Hacía ya varios minutos habían ingresado en la sala de partos, solo el personal designado, el doctor, el abogado y la parturienta.
A pesar de todo, cuando habían llegado, todos abrieron paso a la mujer en trabajo de parto y el personal sin siquiera hacerle preguntas de si el demonio es o no su esposo, la llevaron directamente a la sala. La verdad que aplaudía ese hecho. No todos los hospi