Familia.
Óscar seguía enamorado de su pequeño retoño, él no veía nada más que los ojos de su bebé, se sentía orgulloso de merecerlo. Lo veía tan pequeño e indefenso, que podía jurar que sus ojitos solo gritaban, que necesitaban atención y era lo que él deseaba darle.
—¿Cómo te sientes? —se acercó a April, quien estaba en la camilla.
—Ya me siento mucho mejor, los doctores han dicho que mañana podría regresar a casa. ¿Qué casa? —preguntó encogiéndose de los hombros.
Él se acercó y sostuvo su rostro mien