Completamente concentrado en mi trabajo no había dado rienda suelta a más pensamientos, recuerdos o emociones que me atormentaran incluso más el día. Había pasado una hora tratando de despejar mi mente, y así lo había hecho cuando finalmente tomé el bolígrafo y comencé a firmar y leer todo lo que debía.
Aunque para infortunio mío, todos los papeles se llenaron muy rápido, permitiendo que los pensamientos hicieran su desfile devuelta.
Después de dejar todo listo fui hacia la oficina de Benjamín